Los españoles acuden hoy a una cita decisiva con las urnas para decidir entre un gobierno progresista encabezado por el socialista Pedro Sánchez o un giro hacia el otro extremo, que amenaza con volver al poder de la mano del partido derechista Vox, de Santiago Abascal.

Sánchez es el presidente saliente y el favorito para ganar, pero tendría que formar un gobierno de coalición o buscar apoyos externos para su investidura, ya que su Partido Socialista (PSOE) se quedaría lejos del umbral de 175 escaños que marca la mayoría absoluta en un Congreso con 350 sillas.

Para mantenerse en el poder, Sánchez dijo que está dispuesto a “colaborar” con los progresistas de Unidas Podemos, que lidera Pablo Iglesias, aunque no sería suficiente y también tendría que recabar el apoyo de los secesionistas catalanes y de los nacionalistas vascos.

Por eso el candidato del PSOE cerró su campaña pidiendo una “mayoría clara” para “frenar a la derecha y los ultras” y “no tener que depender de los independentistas”. De lo contrario, la situación puede derivar en un bloqueo y en la repetición de las elecciones.

En videoconferencia desde una cárcel de Madrid, donde espera la resolución el juicio por el fallido proceso de secesión de 2017, el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, dijo en el cierre de la campana que el PSOE “no es de fiar”. El mensaje iba dirigido a los suyos, ya que días atrás también sostuvo que su partido no facilitaría “ni por acción ni por omisión”, un gobierno de extrema derecha en España.

La otra posibilidad es que el bloque de la derecha formado por el conservador Partido Popular (PP), por el liberal Ciudadanos y por Vox alcance la mayoría absoluta.

Si bien las últimas encuestas publicadas habían alejado esa posibilidad, la diputa agresiva de todos los partidos por el voto de los indecisos, que se sitúa en el 40%, reavivó la esperanza de la derecha.

El líder del PP, Pablo Casado, encabeza el bloque de la derecha, pero ha visto cómo su hegemonía se veía amenazada por el centro (Ciudadanos) y la extrema derecha.

En un intento por no perder ese liderazgo, Casado le abrió la puerta de un futuro gobierno de coalición a Vox, en una jugada electoralista que le puede costar caro.

Vox fue la revelación en las elecciones regionales de Andalucía de diciembre. Sus 12 diputados fueron la llave para que el PP y Ciudadanos formaran un gobierno de coalición que relevó a los socialistas en el poder luego de 36 años.

Sin embargo, la extrema derecha no entró en el Ejecutivo regional, algo que ahora Casado ofrece. Pero con ello pierde de vista al electorado de centro derecha, donde se concentran los indecisos.

Atendiendo este dato, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, nunca mencionó a Vox; y se centró en la caza del votante socialista, que se opone a que Sánchez haga gestos en favor de los independentistas.

Los socialistas y Ciudadanos podrían sumar mayoría para formar una coalición, pero sus diferencias respecto a la crisis catalana hace que sea prácticamente imposible que lleguen a un acuerdo. (Télam)